El modo en que quería morir Billy Wilder

Cuando era preguntado sobre la muerte, Billy Wilder solía responder:

-Me gustaría morir a los 104 años, completamente sano, asesinado por un marido que me acabara de pillar, “in fraganti”, con su joven esposa

Una visita real

Lleno de gozo andaba Miguel Gasset y Bosch, gerente y creador del Teatro Romea de Barcelona, cuando le anunciaron la presencia en la sala del rey Amadeo de Saboya que acudía a presenciar una representación.

Le presentó sus respetos al monarca y conversaron amigablemente, aunque Gasset se encontraba nerviosísimo ante tan ilustre visita. Tanto que, al ofrecerle el rey un cigarro puro, el empresario respondió:

-Gracias, Majestad, me lo fumaré toda la vida

Oscar Wilde y Hacienda

El excéntrico escritor irlandés se mandó fabricar una cama japonesa que era incomodísima.

Un día recibió la visita de un inspector de Hacienda que le reclriminó que no pagará sus impuestos.

-¿Usted cree que debo pagarlos?- preguntó Wilde

-Hombre, esta casa es suya y usted duerme aquí- contestó el inspector

-Cierto. Pero mire usted esa cama. Duermo aquí, ¡pero duermo tan mal!

Hay gente pa tó

Después de una gran corrida en Madrid, era corriente que los diestros ofrecieran una fiesta en el hotel a amigos, periodistas y gente relacionada con las artes y la cultura en general.

En una de esas celebraciones le presentaron al afamado matador cordobés Rafael Guerra “Guerrita” a Ortega y Gasset, y se lo presentaron como “filósofo”, a lo que el maestro inquirió sorprendido:

-¿Filósofo? ¿Y eso qué es?

De inmediato le explicaron que se trataba de la persona que trabajaba sobre las ideas y el pensamiento, a lo que el Guerra, asombrado por tamaña profesión, sentenció con su famoso:

-Hay gente pa tó


El despiste de David Hilbert

El matemático alemán David Hilbert recibió en su casa a un profesor recién llegado a la Universidad de Gotinga. Después de presentarse, el invitado se quitó el sombrero y se sentó. Al cabo de unos minutos de conversación, Hilbert, que probablemente tenía la cabeza en otros menesteres, decidió que la visita ya había durado lo suficiente y poniéndose el sombrero de su invitado, se despidió cortésmente y se fue de su propia casa.