Crisis con los neutrinos solares en la Casa Blanca

El geofísico Frank Press fue consejero científico del presidente estadounidense Jimmy Carter.
Todas las mañanas, a las 7 en punto, el presidente se encerraba en el despacho oval para leer la prensa. Cierto día, Press fue llamado por

Carter, que había leído en el periódico el siguiente titular: “Llegan del Sol menos neutrinos de los esperados”.
Tras una breve conversación entre ambos, Carter le pidió a su consejero que lo mantuviera al tanto de la situación.
Tal y como salía por la puerta el científico, el asesor de Seguridad Nacional, que había estado presente en la reunión, se abalanzó sobre

Frank Press y le preguntó profundamente alarmado:

- Frank, ¿es esto una crisis?

El dramático nacimiento de Picasso

El nacimiento del genio malagueño estuvo envuelto de dramatismo, según relata Norman Mailer en el libro biográfico del pintor “Picasso: retrato del artista joven”:

Un error, dramático y casi fatal, señaló el nacimiento de Pablo Picasso. La partera, creyéndolo muerto, lo abandonó sobre una mesa; pero su tío, un médico que fumaba puros, lo revivió con una ráfaga del aire necesario (aunque lleno de humo) en sus pulmones.

Hilbert y el teorema de Fermat

En los primeros tiempos de la aviación invitaron al matemático alemán David Hilbert (1862-1943) a dar una conferencia sobre el tema que él quisiera. La conferencia creó una gran expectación ya que el tema elegido fue :

“La prueba del último teorema de Fermat”

Llegó el día y Hilbert dio la conferencia. La exposición fue muy brillante pero no tuvo nada que ver con el último teorema de Fermat.
Cuando le preguntaron el porqué del título contesto:

«Oh, el título era solamente para el caso de que el avión se estrellara»

Mark Twain y los duelos

«Desapruebo totalmente los duelos»

Comentó cierto día Mark Twain.

«Si un hombre me retase en alguna ocasión, me lo llevaría con amabilidad y misericordiosamente de la mano a un lugar tranquilo para después matarlo»

El fundidor de medallas

Perseguido por los nazis, el físico danés Niels Bohr, antes de abandonar su país natal, disolvió en agua regia (una mezcla de ácido nítrico y clorhídrico) las medallas de oro del premio Nobel que le habían confiado Von Laue y Franck. Escondió la botella con el metal fundido en un anaquel de su laboratorio de Copenhague y, al acabar la guerra, Bohr mandó refundir las medallas de los físicos.