Corregir sí, enderezar no

Antes de ser emperador de Roma, Servio Sulpicio Galba fue gobernador de Hispania. Era muy común en él utilizar la siguiente muletilla:

-Si me equivoco os ruego que me corrijáis o me enderecéis

Esto les hacía mucha gracia a sus colegas senadores, ya que éste estaba provisto de una pequeña joroba que lo obligaba a andar un poco torcido.

En cierta ocasión alguien le replicó:

-Veo que eres considerado. Yo también quiero serlo contigo advirtiéndote de que es posible que podamos corregirte, pero no lo es que te enderecemos


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