Encontrándose en su lecho de muerte, los familiares de Marlene Dietrich mandaron llamar a un sacerdote para que le diera la extremaunción.

Tal y como entró por la puerta de la habitación el religioso, la actriz le espetó:

- ¿Para qué debo hablar con usted? En poco tiempo podré hacerlo con su jefe.


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