El envidiado Cánovas del Castillo

Ramón de Campoamor recibió en cierta ocasión una invitación para acudir a comer a casa de, el entonces presidente del Gobierno español, Antonio Cánovas del Castillo.

El poeta no podía asistir y para excusarse le envió una nota de disculpa al anfitrión que finalizaba de la siguiente manera:

«Recuerdos a don Antonio, a quienes unos envidian el talento, otros la casa y todos la mujer.»

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