La sordera de Jed Harris

El productor teatral cogió la manía de que no oía y fue al otorrino. El doctor dejó caer una moneda.

«¿Puede usted oír este sonido?»

«Sí, señor», le dijo Harris.

El médico se alejó, sacó un reloj del bolsillo y le preguntó:

«¿Puede usted oír el tic-tac?»

«¡Y tanto que lo oigo!»

Se fue a la habitación de al lado:

«¿Y ahora, oye el tic-tac?»

«Naturalmente»

«¡Pues vaya! –replicó el médico-. Usted no está sordo, usted no quiere escuchar»

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