Maldito toro

En cierta ocasión, al torero Rafael Molina “El Lagartijo” le tod¡co lidiar una faena con un astado que le dió más trabajo del que esperaba.

Hasta tres estocadas le tuvo que dar para poder matarlo.

El Lagartijo pidió que le disecaran la cabeza como si fuera el trofeo de una gran faena.

Todos se extañaban al llegar a su casa y verlo colgado en una de las paredes del matador.

-Maestro ¿Y qué hace aquí ese bicho que tan mal rato le hizo pasar?- le preguntaban los amigos.

-Lo tengo aquí colgao-replicaba el diestro -pa poder echarle mardiciones tos los días y a toas horas.

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