Quedarse en blanco

Ada Rehan, actriz de teatro de finales del siglo XIX, solía recordar con cariño una anécdota que le ocurrió en una obra de teatro en la que un joven actor se quedaba en blanco en medio de una obra.

En dicha escena, él le hacía una pregunta vital y ella callaba y la siguiente réplica del muchacho debía ser “No digas nada”, pero se bloqueó y se quedó mudo.

Ada esperaba para darle la réplica y, como él no arrancaba, el apuntador le susurró:

-No digas nada… No digas nada.

Histérico, el joven actor se fue hasta el apuntador y le recriminó:

-¿Cómo demonios quieres que diga algo si no recuerdo que tengo que decir?.

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